El evento para desarrolladores que celebra Samsung esta semana en San Francisco está acaparando un gran número de miradas porque, según ha comunicado la compañía, en él serán revelados los primeros detalles de su teléfono plegable. Una meta perseguida con ahínco por muchos fabricantes durante los últimos años y que parece que en 2019 podría comenzar a ser realidad en el mercado de consumo.

Poco o nada sabemos del nuevo smartphone que prepara la compañía surcoreana más allá de las propiedades flexibles de su panel, puesto que el celo mantenido hasta el momento ha sido máximo. En un movimiento que podría estar enfocado a ofrecer unos datos de manera controlada antes de que el dispositivo pase a las cadenas de producción y las filtraciones empiecen a llover de manera constante, la firma pretende desvelar hoy, meses antes de su comercialización, las claves del dispositivo.

¿Una tecnología útil?

A pesar de que el sueño de crear un smartphone plegable ha sido, como decía, constante, el pasado ha dejado bien claro que no es tan fácil alcanzar un nivel de producto lo suficientemente satisfactorio como para que el usuario se sienta dispuesto a pagar por ello. Un ejemplo del concepto de teléfono plegable ejecutado de manera nefasta, por la inutilidad en términos de usabilidad y el paupérrimo gusto con el que fue implementada la idea, es el ZTE Axon.

Dos pantallas que se abaten sobre sí mismas o hacia el lado opuesto que dan como resultado, a todos los efectos, un dispositivo con dos paneles separados por una desmesurada bisagra en su parte central o un smartphone al uso con una inútil pantalla secundaria en su parte trasera. En pocas palabras: lo opuesto a un dispositivo útil y concebido con la utilidad del día a día en mente.

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No es el único terminal que encaja dentro del selecto grupo dedicado a los despropósitos o a las ideas alocadas en el sector –el encasillamiento en uno u otro depende de preferencias personales–, pues otros ejemplos como la Sony Tablet P también dejaron claro tajantemente que ese no era el camino a seguir. El más reciente lo tenemos en la compañía asiática Royole, que ha mostrado hace apenas unos días su FlexPai.

Este es un terminal que se acerca en mayor medida al concepto de teléfono plegable como tal, pero que sigue dejando mucho que desear de cara a lo que puede ser un dispositivo para el gran público. La pantalla es más grande cuando se encuentra desplegada, claro, pero llevarlo plegado en el bolsillo sigue siendo una imposibilidad marcada por sus dimensiones. ¿Dónde nos lleva todo esto, entonces?

Samsung quiere –y puede– sacar músculo

Si hay una empresa tecnológica del sector que cuente con una fama bien adquirida con el paso de los años en lo que al trabajo con los paneles en productos tecnológicos, esa es Samsung y su división Display. Su experiencia en la materia les permite lograr no solo un altísimo nivel para sus propios dispositivos y para las empresas con las que trabajan, sino también llevar a cabo auténticas virguerías.

En el campo de lo plegable, lo vimos ya en 2014 con el Galaxy Note Edge, llamativo como el que más pero atractivo como el que menos tras un tiempo de uso. La muestra de ello fue la discontinuidad que Samsung le dio al teléfono, pasando tras ello a curvar ambos laterales de la pantalla y dando el salto también a la gama S.

Pero nada de esto tiene que demasiado que ver con lo que ahora prepara la compañía, que es un teléfono donde tanto el panel como los componentes internos han de poder adaptarse a su condición flexible. Samsung tiene el poder de llevar esta tecnología a la gran escala y explorar un campo nuevo gracias a los recursos con los que cuenta. El cómo lo hará no lo sabremos exactamente hasta el próximo año, pero esperamos obtener una primera visión detallada de sus intenciones hoy mismo a las 10:00 hora local de San Francisco, 19:00 horas peninsulares en España y 12:00 horas en Ciudad de México.

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